OPINIÓN
5 de marzo de 2026
OPAITEMA (*)

Los insultos del presidente Milei además de cinismo: “sí, lo hice, y qué..!!”, connota “la complacencia o el placer obtenido al infligir dolor físico, psicológico, humillación o sometimiento a otra persona (?), un rasgo de personalidad caracterizado por la crueldad, el control y la agresión”, definición que se puede leer en cualquier manual de psicología o psiquiatría, especialmente los referidos a la psicopatología.
OPAITEMA
Una de las prácticas más comunes al recibir insultos o improperios es que el receptor diga: “hablan más de ustedes que de mí” o que quien los expresa se defienda: “no los insulto, los describo”.
La política de nuestro país está plagada de ejemplos ya sea de adversarios internos o externos que se rigen por una regla no escrita: los agravios de campaña prescriben a los 3 meses de enunciados. Y debe ser así porque de otra manera no tienen lógica las reconciliaciones, idas y vueltas, renuncias y reincorporaciones varias.
Pero lo sucedido en la última apertura legislativa nacional aportó una novedad porque además de las 'descripciones' realizadas por Milei y las que no se escucharon por parte de la oposición vio a luz un elemento inédito: la confesión de parte: "Me encanta domarlos, me encanta hacerlos llorar. Y a la gran mayoría, les encanta verlos llorar”.
Ya no se trata de aplicar una medida que pueda causar aflicción o padecimiento a la otra parte. Se trata de gozar con el dolor que produce.
Es decir que al cinismo: “sí, lo hice, y qué..!!”, se suma “la complacencia o el placer obtenido al infligir dolor físico, psicológico, humillación o sometimiento a otra persona (…), un rasgo de personalidad caracterizado por la crueldad, el control y la agresión”, definición que se puede leer en cualquier manual de psicología o psiquiatría, especialmente los referidos a la psicopatología.
Y no se trata solamente de 'formas discursivas', que también se atribuian a Cristina Fernández.
Se trata de reconocerse portador de “un comportamiento generalizado de crueldad, intimidante, con uso de la violencia y disfrute con el sufrimiento de otros (humanos o animales)”.
Es difícil encontrar, por lo menos desde 1983, una situación similar en Argentina.
Seguramente alguien más memorioso o instruído recordará algún otro ejemplo como el actual.
Se podría citar la recomendación de Sarmiento en carta a Bartolomé Mitre de 1861 de la necesidad de exterminar al gauchaje: "no economizar sangre de gauchos" o, ya en la ficción literaria, en 'La refalosa' de Hilario Ascasubi, en el que se describe la tortura, el deguello y la asfixia con su propia sangre de un unitario ante la burla y el goce de los mazorqueros federales.
* Expresión en guaraní, muy utilizada en Paraguay y zonas guaraníticas, que significa "se terminó todo"; "acabó todo" o "ya no hay más".
Pedro Réttori
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