En esa otra sociedad que no es distópica porque aunque cueste creerlo, existe, una loable iniciativa concretó la construcción de un hospital de atención pediátrica y otro para tratar enfermedades raras con costos varias veces millonarios. ¿Cómo hicieron sus integrantes ?: juntaron y donaron millones y millones de tapitas de plástico que fueron vendidas, compraron miles y miles de porciones de locro y pastelitos de dulce de leche y también de membrillo además de cientos y cientos de pequeñas esculturas que replicaban a un emblemático perrito de la ciudad. ¿Todo eso hizo la sociedad? Sí, lo hizo y los méritos y los reconocimientos correspondieron, como debe ser, a la fundación que fue el motor para socializar tanta generosidad individual desperdigada.
Pero como todo tiene un pero, cuando esa misma sociedad no quiso, no pudo, o se cansó y no apoyó tan fervientemente una nueva iniciativa de la fundación, como es ley en la historia de la humanidad, pasó de ser colaborativa, humanitaria, 'preciosa', y mostró su lado B: inhumana, insensible, avara, egoísta y mucho más, y se dio a conocer que eso vale para todos, para la gente, para el gobierno provincial y los municipales, para las organizaciones, para los funcionarios, para los empresarios, para quienes alguna vez fueron generosos pero tal vez como un efecto desconocido y no investigado del coronavirus ya no lo son porque fueron afectados en el sector del cerebro que maneja los conductos de la sensibilidad, la generosidad y el desprendimiento.
Pero sepa el pueblo de Resistencia y del Chaco que si alguna vez hace algo como se hizo en esa otra sociedad que no nombraremos para no herir suceptibilidades, egos o narcicismos, aceptará las reglas de juego y podría ser destratada.